La vida detrás del logo


Quién no se ha puesto a pensar más de una vez como trabajan detras de ese gran logo que de alguna forma nos cambio la forma de navegar en la web, compartir información y demás. Hoy les presento un articulo de como es la vida dentro de google que recibe hoy en día más de 100 millones de visitas diarias.

Pelotas de goma gigantes, amarillas, verdes, azules, violetas y rojas, aparecen por todos lados. En los pasillos y oficinas, entre computadoras, mesas de billar, cafeterías, jueguitos electrónicos, de un complejo que parece más un campus universitario que los cuarteles centrales de Google. La megacompañía que vale US$ 145.000 millones en Wall Street.

En el parque, 40 kilómetros al sudeste de San Francisco, California, la réplica de un fósil de tiranosaurio rex custodia a los técnicos y ejecutivos de la empresa que adora mostrar toques estrafalarios, como la cancha de voley en su parque central o las pizarras blancas con ideas locas y dibujos disparatados en el lobby. Su meta es ambiciosa al extremo: “Poner toda la información del mundo a disposición de todos”.

Es mediodía de un lunes primaveral y cientos de jóvenes, en su mayoría de entre 25 y 35 años, aprovechan para almorzar, trotar, nadar, andar en bicicleta o, simplemente, descansar. Reina un clima lindante con el libre albedrío, pero con un límite: la productividad.
Todos aquí trabajan por objetivos, y la cúpula de Google busca restarles preocupaciones a sus empleados para que mejoren su eficacia. ¿Hambre? Responden con comida gratis, de todo tipo y preparada por chefs de primer nivel. ¿Un masaje? Ahí lo tienes. ¿Cafecito? Del tipo que se te ocurra, junto con jugos, delicatessen y confitería. ¿Gimnasio? También, complementado por un servicio de lavandería. Y, si se vive sobre la bahía de San Francisco, te llevan y te van a buscar a tu casa, en ómnibus con butacas de cuero y servicio de Internet. Pero eso sí: exigen resultados.
La historia de Google es más o menos conocida. Larry Page y Sergey Brin, dos estudiantes de doctorado en Stanford University, se conocieron en 1995. Al principio no se cayeron bien. Pero luego encontraron intereses comunes por las computadoras. Sumaron fuerzas e hicieron de un desafío incipiente –la vastedad y la apertura de Internet, donde cualquiera puede subir lo que se le ocurra– una virtud arrasadora.

En septiembre de 1998, Google abrió formalmente sus puertas… en un garaje del Silicon Valley. Crecieron sin parar y cuando colapsó la burbuja bursátil de las empresas informáticas, continuaron creciendo. Fue cuestión de tiempo hasta que el nombre de la criatura –derivado de googol, el término matemático que representa un 1 seguido por 100 ceros– se convirtió en un verbo: googlear o guglear. El equivalente de “buscar en Internet”.

El gran hallazgo radicó, en términos simples, en que Google hace más que detectar aquellas páginas de Internet en las que aparece la palabra buscada: las ordena según los antecedentes de la computadora desde la que navega y por la relevancia de las páginas que podrían ofrecer la respuesta, a su vez determinada por la “respetabilidad” –links– ganada entre otros sitios web.

“En el pasado, cada búsqueda se tomaba como una nueva, distinta de todas las anteriores. Pero con Google se agregan otros componentes, como la ubicación geográfica de quien busca y sus antecedentes disponibles”, explica el vicepresidente de Ingeniería e Investigaciones de la compañía, Alan Eustace, a LNR. “Le doy dos ejemplos: si está claro que su domicilio es en Washington y busca «guardería», se presume que la necesita en donde usted vive, no en Japón. Y si usted buscó imágenes de animales o rastreó dónde queda el zoológico y luego buscó «jaguar», es más probable que busque el animal, no el auto Jaguar”, argumenta.

Así funciona: si escribe “tenis”, Google le mostrará las páginas de Internet que cree que le resultarán más interesantes y, a su alrededor, unos pocos links vinculados a últimas noticias de ese deporte, venta de raquetas y zapatillas o entradas a torneos. Otra vez lo explica Eustace: “El elemento crítico es tomar la publicidad como información. Si buscas algo es porque probablemente quieras comprarlo”.

Pero la revolución no se queda allí. Los anunciantes deben ofertar cuánto están dispuestos a pagar por aparecer en esa columna. Y la relevancia que adquiera su anuncio dependerá del dinero ofertado pero también de si el navegante abre su publicidad. Así, no siempre gana la empresa que invierte más dinero, sino la que hace la publicidad más atractiva por variedad, ofertas o novedades, entre otras variables. Y algo más: el anunciante le paga a Google cada vez que un usuario cliquea en su anuncio.

Sólo tomó tiempo para que la riqueza inundara Google. Miles y miles de millones de dólares. Page y Brin convocaron entonces a Eric Schmidt, un veterano del Silicon Valley para que, como director ejecutivo, pusiera un poco de orden en el caos deliberado.

Cada semana, Google contrata a entre 50 y 200 especialistas. Todos reciben acciones de la compañía, que podrán cobrar por completo en cuatro años. Así, el dúo inicial emplea ahora más de 10.000 expertos alrededor del mundo, de los cuales apenas uno es argentino en Mountain View (ver recuadro).

La mayoría son jóvenes universitarios, de todas las nacionalidades, colores y credos, pero prevalecen los norteamericanos y los asiáticos, sobre todo hindúes. Al menos así parece a simple vista en Slice, uno de los bares temáticos del campus, en el que sólo sirven jugos de frutas, junto a una pequeña fuente de agua, kitsch. Allí trabajan, relajados, cinco técnicos, cada uno en su laptop: uno es negro, dos tienen rasgos hindúes y los otros dos son blancos.

Más atrás, alrededor de una mesa departen unos asiáticos –¿chinos?–. Y, quizá como resultado de una broma, entre unos cien libros dispuestos en una estantería para quien quiera distraerse aparece un librito, tapa amarilla y letras negras, a todas luces desubicado: “Internet para bobos”.

Cada postulante que desea entrar debe superar entre seis y doce entrevistas que distan de ser “tradicionales”: todas se concentran básicamente en la resolución de desafíos matemáticos o informáticos. Y se debe mostrar una clara capacidad para mutar de área con facilidad.

Las metas más atractivas de Google, hoy, son tres: subir todos los libros del mundo –32 millones, como mínimo, en todos los idiomas–, desarrollar programas que sepan “leer” los videos y fotografías disponibles en Internet, junto a la traducción inmediata –y correcta– de cualquier documento a cualquier idioma, y la interactividad online.

La biblioteca mundial: cada semana, camiones retiran miles de libros de las universidades de Harvard, Stanford, Oxford y Michigan, y de la Biblioteca Pública de Nueva York. Son las primeras de un proyecto global. “Pensamos que podemos lograrlo en unos 10 años”, anunció Marissa Mayer, la vicepresidenta a cargo del proyecto.

No todos están de acuerdo, empezando por las editoriales y quienes gozan de los derechos de autor. Pero Google afirma que la megabiblioteca alentará las ventas, además de acortar las distancias culturales y potenciar y acelerar el desarrollo intelectual.

“Por lo que conozco y me cuentan, la mayoría de los egresados argentinos no pasarían los filtros de ingreso, pero por las deficiencias educativas más que por cuestiones individuales, porque todos los años hay argentinos viniendo para acá”, cuenta Bellver, un egresado de la UBA que hace casi 10 años viajó a Estados Unidos para un máster en el Carneggie Mellon y se quedó.

“Mi sensación es que la carrera de la UBA lleva mucho tiempo (seis años), tiene pocas materias (cerca de 20) y no incluye materias específicas y actualizadas. Sus programas educativos están fuera de sintonía”, advierte Bellver, de 38 años, casado, dos hijitas, chaleco verde, botellita de agua, pelo corto, voz baja y sonrisa franca.

Tras completar su máster en ingeniería de software, Bellver trabajó en Xerox, en una empresa farmacéutica online, pasó por el derrumbe del Nasdaq en 2000 y recaló durante cuatro años y medio en Blue Martini Software. “Fue una malaria. Sólo crecían eBay y Google, y la crisis argentina complicó el regreso”, cuenta.

Entonces inició el salto a Google.

“Fue un proceso largo, con once entrevistas en total, todas técnicas. Básicamente, te ponen a resolver problemas de programación y matemáticos”, explica. El es experto en tecnología Java, un lenguaje de programación. “Lo que hacemos es ‘traducir’ cualquier otra estrategia para que sea accesible en Java, para que puedan interactuar las distintas tecnologías”, explica.

–¿Qué atrae de Google?, ¿el dinero?

–La paga está más o menos en el nivel de Silicon Valley. Pero en el área de software de Internet, es el mejor lugar del mundo. Tiene la mejor gente, acceso a recursos que no hay en ningún otro lado, mucha libertad de acción y un montón de otros intereses, además de lo económico. Esto tiene aire a campus universitario, y por acá pasan las mentes creativas a dar conferencias todas las semanas: Mikhail Gorbachov, Joseph Stiglitz, un astronauta hindú, cantantes, Colin Powell, Hillary Clinton, Al Gore…

–Al premiar la productividad, ¿Google resulta más absorbente?

–Depende de cada uno. Acá te metés en actividades que te motivan, como el plan del “20 por ciento”. Google permite que dediques el 20 por ciento de tu tiempo a lo que se te ocurra y pueda resultar atractivo para la compañía. Gmail salió de eso.

–¿Y vos?

–(Sonríe). En este momento estoy dedicado por completo a un proyecto vinculado a la publicidad. Creció de mi primera propuesta del 20 por ciento.

En la Argentina

Desde mediados de abril funciona en Buenos Aires la primera sede de Google en América latina. Según la compañía, se eligió la Argentina por el espíritu emprendedor y el potencial de nuestro país para desarrollar software y tecnología.

Estadísticas

En el Zeitgeist de Google hay una enorme cantidad de estadísticas y rankings disponibles: las palabras más buscadas de la semana, los navegadores más utilizados y mucho más: www.google.com/press/zeitgeist.html

Britney Spears

La gente de Google tiene registrados los miles de errores que los usuarios han cometido al intentar buscar uno de los nombres más solicitados: Britney Spears. Para verlos, www.google.com/jobs/britney.html

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/revista/nota.asp?nota_id=910862

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